Muchos no entienden la gravedad del caso ni el momento en el que se destapó la olla. La historia de los cuatro árbitros tucumanos acusados de soborno salió a la luz cuando el referato argentino recibe cuestionamiento de todos lados. No hará otra cosa más que alimentar el ego de todos aquellos que piensan que un equipo de Primera desciende porque no le cobraron un penal a favor y no por la mala campaña que viene realizando en las últimas tres temporadas.
La histeria de hinchas, jugadores, técnicos y dirigentes se incrementará con el correr de las fechas y, para argumentar su enajenación, recurrirán a los nombres de los cuatro comprovincianos que mancharon al referato tucumano y nacional.
Lo de los jueces tucumanos es un episodio lamentable. Pero no menos repudiable es la actitud de los dirigentes que pusieron y llevaron el dinero para sobornar. Los investigados, hasta ahora, no identificaron a las personas que entregaron el sobre con dinero. Si esto sigue así, no habrá castigo para San Martín de Formosa, que quedó en el centro de las sospechas de haber sido el club que pagó para ser favorecido. Tristísimo.